


El pozo,la caseta del pozo, el depósito arriba, dos casas que hacen de vestuario y un puñado de escombros en la ladera es lo que queda de las casas baratas. El pozo se abrió, como recurso, para proporcionar el agua que se precisaba para la construcción de las casas y, después, para abastecer de agua corriente a las viviendas: un motor elevaba el agua al depósito y, desde éste, se deslizaba por una cañería hasta los grifos y cisternas. Las casas baratas fueron las primeras que disfrutaron de agua corriente en el pueblo.
El día 24 de Septiembre de 1954, la Obra Sindical del Hogar y Arquitectura adjudicó las obras de construcción de cincuenta viviendas en Macotera a Antonio Martínez Mora. Previamente, el Ayuntamiento acuerda adquirir terrenos para la construcción de las viviendas. Es a principios de 1954, cuando dieron comienzo las obras de construcción de las cincuenta casas para obreros en los terrenos denominados “Cruz del Ángel”, para que, una vez terminadas en el mes de Octubre de 1955, solucionara, de forma definitiva, el problema de la vivienda de la localidad. Los contratos se firmaron el 1 de Septiembre de 1956. Las casas estaban compuestas por dos dormitorios, estancia – comedor, cocina y aseo. Cada beneficiario debía entregar una aportación inicial equivalente al diez por ciento y el resto en amortizaciones mensuales durante unos plazos prefijados. En principio, se habitaron casi todas, pero las humedades y deficiencias de construcción dieron al traste con el sueño de la Obra Sindical del Hogar y de los obreros macoteranos. Hubo que abandonarlas de inmediato. Quedaron ahí inservibles como una denuncia. Hay un escrito de la Obra Sindical del Hogar en el que se piden explicaciones al Ayuntamiento, “pues se han desmontado los bordillos de las casas baratas y se han utilizado en una obra que se estaba haciendo en la plaza”. Se contesta diciendo “que las casas están en estado ruinoso, que sirven para que, en ellas, se refugien gitanos, vagabundos, y que éstos se llevan tuberías, elementos de la luz y hasta queman ventanas y puertas para calentarse; que los bordillos estaban sueltos y que no fue su intención usarlos en la obra sino conservarlos.”
El ayuntamiento está dispuesto a reponerlos en su sitio. El aspecto de las casas baratas era un espectáculo triste para el visitante, una sensación de fracaso de una obra que nació como buena en principio y se convirtió en vergüenza popular.
Hay un escrito en el que se pone de manifiesto la extrema necesidad de viviendas en el pueblo, y cómo la Caja Rural junto con el Ayuntamiento proyectan acabar con la situación.
Este proyecto no se llevó a cabo, pues surgió al mismo tiempo el acuerdo de la “Obra Sindical del Hogar” de edificar las conocidad viviendas sociales.
Pasado el tiempo, se pensó que se podía dar una utilidad al solar. Se trató con la Obra Sindical del Hogar, para dar con una solución para que aquello revirtiera en el pueblo. Al final seautorizó derribar las paredes y limpiar el solar para acondicionarlo para la construcción de un campo de fútbol.
Información sacada del libro “Rincones Macoteranos”, escrito por Eutimio Cuesta y Jose Luis Rivero.



