


Muchas casas del pueblo tenían su pozo, con su respectivo brocal, polea y pila de piedra de pajarilla; las aguas de aquellos pozos se diferenciaban en sosas y buenas. Los pozos de agua potable eran los menos. Los de agua sosa abundaban por todos los sitios. El agua del pozo de Juan Rey (enfrente de la casa del señor Lucio el Panadero) no se podía beber, se usaba para brebaje de los animales y también para rellenar con barro los cantos del piso del portal. La ermitaña de la ermita de Santa Anaiba a buscar agua al pozo de Juan Rey para restregar las losas de las tumbas.
El pozo de la Iglesia se hallaba bajo la tribuna de la izquierda. Sus aguas se usaban para refregar con arcilla las losas de las sepulturas. Se le daba mucho uso, y eso lo certificaban los cuantiosos gastos en sogas, arreglo de calderos viejos y la compra de baldes nuevos.
Para lavarse las manos, los sacerdotes utilizaban el agua de una tinaja, que había en un rincón de la sacristía, que rellenaba una señora con un cántaro de barro cocido.
Información sacada del libro “Macotera, compendio de su historia”, escrito por Eutimio Cuesta.



