

Recitada por Antonio Corto al que agradecemos que nos haya facilitado el texto completo.
Sin más dilación, ya que este evento no necesita presentación, os dejamos el vídeo y texto.
Loa recuperada de 1994 en homenaje a nuestro poeta Juan Machaca en el XX Aniversario de su muerte.
LOA A SAN ROQUE 2014
Gracias Virgen de la Encina.
Gracias San Roque, nuestro patrón.
Gracias charros de mi Macotera.
Gracias de todo corazón.
Loa en homenaje a Juan “Machaca”
en el XX aniversario de su muerte.
Veo el pueblo entusiasmado,
Siendo a todos más contentos
El mes de agosto ha llegado
Haciendo burla a los vientos.
Así es, pueblo querido,
Pasa un año y otro año,
Donde todo ser querido
acumuló amor y daño.
Y, aunque avanzamos peldaños,
Hay que estar agradecidos,
Porque, a nuestro mundo extraño,
Somos los que hemos vencido los avatares de un año,
y aquí estamos reunidos.
Así , segundo a segundo,
En este tiempo ligero,
Con su mandato rotundo,
va el hombre, como viajero,
Acercándose a otro mundo.
Esto el cantar lo deplora,
porque no está la hora
que respire por la herida
nuestra Villa encantadora.
Yo, que paso por la vida,
cantando al que sufre y llora,
Hoy, cambié de alternativa:
La fiesta es mi inspiradora
Y musa apetecida.
Por eso, San Roque, amado,
Es la cosa más bonita
Verte aquí acompañado
Por nuestra Virgen bendita ,
y por tu pueblo escoltado.
Y el romance preparado,
en tu nombre se recita
Y aquí estoy, Santo bendito,
Como es obligatorio,
Con el corazón contrito,
Te hago entrega de otro escrito,
Animoso y laudatorio,
para un acto gratuito.
Sabéis bien, Santo querido,
Que, en un mundo envanecido,
al hombre cuanto le cuesta
Dar algo de lo adquirido,
Y hacer bien no se le presta
Yo, aunque no hago una gesta,
Pienso que he contribuido ,
Pues, sin ser retribuido,
Con mi condición modesta,
Traigo otra Loa a tu fiesta,
Dándola a fondo perdido.
Son las cosas del poeta,
No le inquietan los caudales,
Y a sus fiestas patronales,
Porque las quiere y respeta,
Escribe sin gananciales.
Y sopla la inspiración.
Mi pluma no está quieta,
Y entra sin vacilación
a todo lo que le inquieta.
Yo, con la noche tan mía,
En silencio y soledad,
Denuncio la falsedad
y fatal hipocresía,
Que esconde la oscuridad.
Procuro que de mis labios
Salga el verso que desgarra,
Que, aunque sin llevar agravios,
Sean rasgueos de guitarra,
Llenos de matices sabios.
Aquí, divino San Roque,
Tienes a tu Macotera.
La plaza bote con bote,
Y un pueblo que te venera.
Todos, Santo soberano,
Te ofrece con mil amores,
Todo quehacer cotidiano,
Lo mejor de tus amores.
Y dando prioridad,
Muy respetuosamente,
Destaco a la autoridad
Que trabajó seriamente
En pro de la vecindad.
La responsabilidad
también ha sido evidente;
No le faltó dignidad
Ni el celo correspondiente.
También está aquí la gente
Del campo y de la labranza:
Los que en surco de esperanza,
Fueron echando simiente,
Y la tierra y su pujanza
Nos ofreció pan reciente.
Sigo, pues, con la andadura
Cantando, sin acechanzas,
Al profesor de cultura
Que doctrina asignaturas
De verdadera enseñanza.
Dejo aquí a los profesores.
Hablarte, sencillamente,
también quieren los pastores;
Y dice, esta buena gente,
Que, pastando rastrojales
Y soportando rigores,
Criaron los recentales.
Te hablan de sus fatigas
Todos los trabajadores
Que, en jornadas intensivas,
Soportan los trasudores:
Los que trabajan de noche
Para ganar la comida;
Los que se ganan la vida
sobre el volante de un coche.
Como hay de todo en su gente:
Aquí, están los comerciantes;
Los jefes y dependientes
De bares y restaurantes,
Aquí están los estudiantes
De aprobados y pendientes;
Médicos y practicantes.
Ha venido el jubilado
Lirio mustio y desvaído
Que, con el cuerpo cansado
Y el ánimo decaído,
Va recordando el pasado.
Está el niño entusiasmado,
Con esperanza y sonrisa;
Ha venido el emigrado,
Ofreciendo su divisa.
El cura, el culto sagrado.
Los creyentes, con su misa;
El joven desempleado,
Porque un trabajo precisa
Y, al encontrarse parado,
Tiene la vida indecisa;
Está el que lo pasa mal;
El que va tampaleando;
El que gana algún jornal,
Tan solo, de cuando en cuando;
Está el que tiene dinero;
El que no tiene ni un peso;
El que estando forastero
Ha venido de exprofeso;
Lo mismo que el pastelero;
Igual que el que vende queso;
También está aquí el cartero
Con sus cartas y sucesos;
Asímismo, el carcelero,
que está al cuidado del preso;
Está el paisano sincero,
Y el que suele ser un hueso;
El hombre de dignidad;
el obrero de la industria;
Los Pachulos con su gaita,
Tocandonos la “Charrá”,
El que la adversidad,
Viviendo vida de angustia,
Implora la caridad.
Este pueblo es, Patroncito,
Activo y trabajador,
Y una viña del Señor
Donde hay de todo un poco.
Hay peones de albañiles
Y oficiales de primera;
Están los guardias civiles,
Igual que los alguaciles
del pueblo de Macotera.
Aquí hay intelectuales
Y gente de vida plena;
Obreros eventuales,
Esperando la faena
En obras municipales.
De clínicos y hospitales:
Aquí están los celadores;
Los eminentes doctores,
Que allá controlan los males;
También el veterinario.
Ha venido el negociante;
Se encuentra aquí el funcionario;
Y no ha faltado el viajante;
Está nuestro secretario
Con todos sus ayudantes;
Aquí están los ganaderos,
Que crían toros erales,
ancastados y punteros;
Hay pequeños industriales;
Están los trabajadores
De alguna entidad bancaria;
La monjita hospitalaria,
La que comparte dolores,
Mientras reza la plegaria;
Ha venido la enfermera;
Aquí está la peluquera;
Rezan, en este cantar,
La modista y costurera,
Alfareras del lugar,
La novia que va a altar
Y la muchacha soltera;
Está el pintor y el artista
Con sus famosas pinturas;
También con sus escrituras
ha venido el periodista,
contando sus aventuras;
Ha venido el abogado;
Aquí está el electricista;
El profesor doctorado;
Algún sufrido taxista,
Diciendo que fue atacado;
Y colmando los cantares,
Y hablando de carestía,
Las amas de los hogares
Diciendo que, día a día,
Con más pena que alegría,
Soportan los avatares.
Y ya el recuerdo profundo,
Porque son nuestros paisanos,
a tantos macoteranos ,
Que divagan por el mundo,
Sufriendo el estar lejanos.
Y recordando centenarios,
Tenemos al Padre Nieto,
Que será, en breve plazo,
Coronado en los altares
Por su gran comportamiento;
Al hospital de Santa Ana,
Construido hace años,
Y que, en el tiempo presente,
Celebramos centenario.
Termino la relación
Más, como ven, no es completa,
Pues, esta aglomeración
Es solamente discreta.
Para hacer algo de agrado
Del pueblo de Macotera,
Fui contando con cuidado
Retazos de su solera,
Y salió este combinado.
No está como yo quisiera,
Porque ha sido alargado,
Aunque, de alguna manera,
Para hablar de Macotera,
Hay que escribir prolongado.
Hablé del pueblo presente,
Sin dejar en entredicho,
El orgullo de la gente,
De este pueblo de capricho.
Y, ahora, súbitamente,
La Loa la desviamos,
Y al cementerio doliente,
Con el recuerdo viviente,
El pensamiento llevamos.
Santo de mi devoción
Alivia tú la aflicción,
Que oculta este campo inerte,
Donde la desolación
Nos da idea la muerte.
Acércate, Santo mío,
Con la mayor brevedad,
Y alegra la seriedad
Del negro ciprés sombrío.
Haciendo una inclinación,
En medio de tanta calma,
Deja, en forma de oración
Este poema del alma;
Poema del sentimiento
Que te escribí suspirando,
Para que sirva de aliento,
Déjalo allí consolando.
Nuestro Santo venerado,
por los males pasaba,
Tiene rostro demacrado
Y mucha pena en tu cara,
Dicen que pasó desvelos,
Que no acumuló caudales,
Ni esos bienes mundanales,
Que esclavizan en los suelos.
El Santo a Cristo siguió
Lo que hizo Cristo, él hizo;
La injusticia denunció
Y, aunque mucho trabajó,
tuvo la noche y el día,
nada, en su bolsa guardó,
el desinterés le guía.
Pues, solo se limitó
A explicar la profecía
Que el cielo le encomendó,
Y su mensaje decía:
“No sigáis acumulando,
Ni luchéis frente con frente,
Porque, a la chita callando,
La muerte va golpeando,
Y aquí ha de quedar todo.”
La vida es tan embustera,
Que todo lo desvanece,
Y el infeliz usurero,
Que esta esclavitud padece,
Cuando está ante el juez severo,
El verá lo que le ofrece.
¡Ay, la dichosa codicia!
¡Maldito seas, dinero!
Este mundo te acaricia,
Siendo un bien perecedero.
Caminemos tras las huellas
De este santo peregrino,
Que nos dejó su camino
Llenito de cosas bellas.
Y, ya, divino patrón,
Te ofrezco este repertorio,
Original y notorio,
Hecho con estimación
Desde el lugar de reposo.
Y, si lo ves meritorio
Y tiene valor humano,
Se lo entregas con tu mano
A este querido auditorio
Del pueblo de Macotera.
¡Viva San Roque!



