


Loa 2012 escrita por Antonio Hernández Jiménez:
Cuando me pongo a escribir
nunca sé como se empieza,
y encajar todas las piezas
bien no me deja dormir.
Tendremos que resumir,
habrá que hacer un apaño
con la crónica de un año,
aunque de forma parcial,
de la época actual
y algunas cosas de antaño.
Empecemos bien el día,
disfrutemos del reencuentro
y que esta plaza sea el centro
del calor y la alegría.
Que gobierne la armonía.
que recen los del rosario,
que salgan los del armario,
y que no lo pasen mal
la Adelaida en el corral
ni el cura en el campanario.
A lo largo del sendero
de lo que llamamos vida,
como en una gran movida
se comporta el mundo entero.
Salvando malos agüeros
los meses se van llenando
de sucesos ordinarios
y casos extraordinarios,
al tiempo que caminando
San Roque se va acercando.
Por la Virgen de la Encina
se cierra la temporada,
nos queda como clavada
en el corazón la espina.
La alegría se termina,
nos invade la pereza,
pues todo de nuevo empieza,
y al llegar a San Mateo,
donde todo era jaleo
hay soledad y tristeza.
La realidad es amarga,
melancólico el otoño;
al padre y a su retoño
les cuesta llevar la carga.
La travesía es muy larga,
el alma está dolorida,
las noches se hacen oscuras,
es tiempo de uvas maduras,
de sementera y vendimia.
Noviembre, bendito mes,
que con los Santos empieza,
que a las ánimas se reza
y acaba con San Andrés.
El vino ya viejo es;
y en un tiempo de añoranza,
que a Santa Bárbara ensalza
y a Santa Lucía también,
al preparar el Belén
se piensa ya en la matanza.
Con un frío que te espanta,
los quintos toman la calle,
le dan al cante y al baile,
son los que arrastran la manta.
Y tras poner sus pancartas
y causar algún estrago,
se brinda con unos tragos
por otro año que empieza,
y alegría en la cabeza
nos meten los Reyes Magos.
San Antón abre la lista
y San Blas cura gargantas,
ya se retiran las mantas,
la cigüeña está a la vista.
Ya pueden salir a misa
muejeres por las Candelas;
mañana serán abuelas
y hoy celebran como antaño
Santa Águeda otro año
como alegres jovenzuelas.
Después de los carnavales,
bien en marzo o en febrero,
viene el padre cuaresmero
para anunciar muchos males.
Por pecados veniales
viene predicando ayuno
de comida y desayuno,
aconseja la abstinencia,
mas, cumpliendo la penitencia
reventará más de uno.
El reparto del laurel
convoca a coger los ramos;
hoy los niños son los amos
y van hechos un pincel.
Los días sobre el papel
el tiempo ligero salta
y nos trae Semana Santa
momentos de reflexión;
reunidos en procesión,
todo el pueblo junto canta.
Lunes de Aguas y Ascensión;
el primero por Abril,
el mes de las aguas mil,
con tortilla y salchichón.
Y en Mayo, la comunión.
Por fin el mes de las flores,
el mes de los labradores,
pues San Isidro aconseja
que le pidan que proteja
los campos de los calores.
Se van secando las mieses,
se piensa ya en la cosecha
y el olor a toro acecha:
han pasado muchos meses.
Se juntan los feligreses
y en la plaza a cada rato,
preguntan con gran recato
a quien les quiera escuchar
cómo poder contemplar
al último gorreato.
En Julio el calor aprieta,
el sol está en lo más alto
y derrite hasta el asfalto
al preparar las maletas.
Es tiempo de camisetas,
chiringuitos y piscina,
boquerones y sardina;
la canícula hace estragos,
y al acercarse Santiago,
San Roque ya se adivina.
Se prepara el burladero,
se pregunta por las peñas,
del toro su santo y señas
difunden los mentideros.
Desde el último al primero,
hasta las gentes menudas,
se cambian las viejas mudas
y alguno a mí se aproxima
diciendo: “¡San Roque encima,
y están mis hijas desnudas!”
***
Ya están haciendo el toril
y la gente tiene ganas
de olvidarse de la pana
la toquilla y el mandil.
Ya lo anuncia el alguacil,
ya ponen las escaleras,
se colocan las banderas,
se ha puesto la Mariseca,
se derrite la manteca
y está en fiestas Macotera.
Disfrutemos de este día,
que ya llegará el bajón,
que empiece la diversión
y que reine la alegría.
¡Bullicio y algarabía!
Que suenen los palitroques,
que baile el pueblo a su son,
y si hay algún revolcón,
al quite estará San Roque
con perro, capa y capote.
Se escucha ya la mañana,
la gente se arremolina,
se oye por cualquier esquina
el repique de campana.
Desde el Cerro hasta “Santana”,
por la calle Peñaranda,
acompañan a la banda
y en la Plaza de la Leña
se encuentran todas las peñas
que van formando parranda.
Todo son ríos de gente
que bajan por la Empedrada,
recorren la de Alconada,
San Joaquín y Cifuentes.
Nerviosos y sonrientes,
los del Regato y la Honda,
para terminar su ronda,
van con los de las Aceras
y llegan hasta las eras;
son gente alegre y cachonda.
Los de la calle la Plata,
los de la calle Carretas,
también los de la Retuerta
han guardado la corbata.
Todos dan la serenata;
desde todos los rincones
se oyen voces y canciones,
y también algún cencerro,
que va a empezar el encierro
y vibran los corazones.
Por corrales y traseras,
al son de los buenos vinos
van formando remolinos
los mozos de Macotera.
Por montañas y laderas
el Santo tiende su capa
y en cualquier punto del mapa,
viejo patrón peregrino,
un viva se nos escapa
para tu manto divino.
Se preparan los toreros;
ya viene rayando el alba,
luego se quiebra la calma
y hay música de pucheros.
Es hora de los lecheros,
de pastas y de aguardiente,
que a un muchachito caliente,
al olor de los novillos,
sin pasar por el morillo
le ayudan a ser valiente.
***
Que se callen un momento
todas las voces del mundo,
que el silencio sea profundo
y que se pare hasta el viento.
Que se contenga el aliento:
con la plaza engalanada
y la gente emocionada,
que sólo rompa el encanto,
entre sonrisas y llanto,
la magia de la charrada.
Si las penas van y vienen,
cuando la música empieza,
del mundo todas las piezas
parece que se detienen.
Hasta el sentido se pierde
y se produce un gran choque:
se mueven a un solo toque
el alma y el corazón,
unidos en procesión
para bailar a San Roque.
Los que beben de la bota,
los que beben de la cuba,
con buena o mala uva
intentan dar con la nota.
Todos al son de la jota
bailan con fervor al santo,
que ya curado de espanto
parece que sonriera,
ofreciendo a Macotera
la protección de su manto.
A las siete de la tarde
suenan rumores de toros;
sudando todos los poros
del valiente y del cobarde.
Cada uno haciendo alarde
de arrojo y de valentía,
y piensan que llegó el día
de demostrar en la plaza
que son toreros de raza,
con temple y con torería.
Se preparan los capotes,
se acomodan las muletas,
y esperan que la ruleta
los premie con un buen lote.
Dicen que son muy machotes
y que ha llegado el momento
de que lo diga hasta el viento:
“Yo quisisera ser torero,
y al lado del burladero
dejar quiero un monumento”.
Terminada la faena
con sustos y revolcón,
es la hora del jamón,
de la merienda y la cena.
Que no nos entre la pena,
aún quedan varias jornadas
de verbena y limonadas,
de toros y de capeas,
de cante y de melopeas
y bailar muchas charradas.
De tercio cambia la noche,
la cabeza pide calma,
pero se siente en el alma
que a nadie le hacen reproches.
Por seguir con el derroche
de entusiasmo y de ilusión,
no vencerá la razón;
San Roque dice al oído:
“Despierta si estás dormido
y hazle caso al corazón”.
***
Otra vez hay que comer
los churros y el chocolate
que te sirvan de acicate
de nuevo al amanecer.
Que hay que volver a correr,
y en la calle o en la plaza
la bota y la calabaza,
siempre repletas de vino,
para andar este camino
se vuelven una amenaza.
Suena el primer pasodoble
y se escucha el tamboril;
los bueyes en el toril
se muestran mansos y nobles.
Sólo esperan un redoble
que los lleve a los corrales,
donde sueñan los erales
que anuncie el taratatí
verónicas de alhelí
y estrellas por naturales.
Entre aplausos y clamores,
en un largo paseíllo,
delante de los novillos
desfilan los corredores.
Se acabaron los temores;
los cabestros y los toros,
tan cristianos como moros,
han entrado en los corrales
con emoción a raudales
formando un hermoso coro.
En las peñas ya se almuerza
y corre de boca en boca
que el tío Berrendín de Coca
es un tío sinvergüenza.
Y se canta con gran fuerza
que se ha pintao sus ojeras
la que llaman Campanera;
y que el tren descarriló
y la máquina ciento dos
ya no llega a Macotera.
O que en cuestión de quereres
aunque tengan muchas mañas,
tan huecas como las cañas
se volverán las mujeres.
Y que al hablar de saberes,
Salamanca trae doctores,
mas los charros son mejores
en este pueblo erudito,
con cuatro carboneritos
que le van rindiendo honores.
Que de Monleón al cura
se le ha roto la sotana;
que la calle de “Santana”
nunca va a quedarse a oscuras.
Vienen el Sol y la Luna
allí arriba en sus altares
y acaban con los pesares
que siempre nos trae la vida,
como aquel de la crecida
de los huertos familiares.
Por las calles de la villa,
como rayos y centellas,
pasan dejando su huella
los jóvenes en cuadrilla.
Y hasta el burro Maravillas
hace un alto en el camino
para probar el buen vino
que se bebe en la taberna,
una escena que es eterna,
junto al patrón peregrino.
Es un tiempo de jarana
que todos van disfrutando,
mientras se van animando
en convivencia muy sana.
No hay paisano ni paisana
que se haga la remolona;
la gente va guapetona,
todos viven hoy deprisa
y alegran con su sonrisa
hasta al que duerme la mona.
***
Una vez más la mañana
despierta el alma torera;
cerca de la carretera
entre surcos y besanas,
crecen el deseo y las ganas
por disfrutar en las tierras
del sabor de estampas viejas,
caballos y cabalgadas,
carreras y galopadas
con que a los toros encierran.
Las calles a rebosar,
como una fuerte corriente
que arrastra cuerpos y mentes
con ganas de disfrutar.
Y empiezan a calentar
los que hoy se sienten valientes,
y con tragos de aguardiente
el corazón se acelera
y se hace larga la espera,
pues la sangre está caliente.
El viento trae los rumores
entre el polvo del camino;
ya se acerca el torbellino
que anuncian vagos clamores.
Con dulzainas y tambores
se elevan gritos al cielo,
detrás de un tupido velo
se divisa la manada,
se produce la espantada,
se levanta un gran revuelo.
A veces pasan las horas
y detrás de las monturas
se parece esta locura
al rosario de la aurora.
Pero sin mayor demora,
aparece el buen ambiente
y a toda esta buena gente
nunca le enfada esta historia;
por un cachito de gloria
se ríen y se divierten.
En el último cartel,
caballos sobre la arena
contemplan la plaza llena
al salir al redondel.
Y el ánimo se serena
al escuchar el sonido
de notas que dan sentido
a aquellas viejas costumbres
que en el calor de la lumbre
rescatamos del olvido.
Torero de rejoneo
montado sobre su silla
busca con las banderillas
las orejas por trofeo.
Todos comparten deseo;
los que están en la barrera
o al lado de la bandera;
los que están cerca del suelo
o los que tocan el cielo
disfrutan de igual manera.
La música en los tendidos,
y el sol en el horizonte
se oculta detrás del monte
entre alegre y conmovido.
Felices y doloridos,
encontrados sentimientos
que nos dejan sin aliento
por todas las emociones
que invaden los corazones
en los últimos momentos.
***
Los versos de este relato
aquí se van terminando,
y habrá que seguir bailando
para acompañar al Santo.
Que nada rompa el encanto,
que el aroma de leyenda
envuelva siempre esta ofrenda
que al ritmo de la dulzaina
hasta un temporal amaina
si el pueblo a él se encomienda.
Cantan a los cuatro vientos
las voces más verdaderas
que ya ocupa Macotera
el centro del firmamento.
Y nos pide el sentimiento,
pues está en el alma escrito,
hablar con un solo grito
que salga del corazón,
para poder con pasión
cantar tu nombre bendito.
Siempre tras la tempestad
dicen que reina la calma,
y que serena hata el alma
disfrutar de la amistad.
Tengamos serenidad,
no perdamos el enfoque,
y a la voz de un solo toque
gritemos todos a coro:
¡Que no te cojan los toros!
y otra vez ¡VIVA SAN ROQUE!



