


Loa 2013 – escrita por Juan Zaballos “Machaca”
Si me prestáis atención,
en forma de poesía
les diré, a continuación,
lo que antaño sucedía
en la fiesta del Patrón.
A los que forman la peña,
tan famosa de El Cencerro
un cabestro del dio leña
una mañana de encierro.
Fue la primera noticia,
también el susto primero,
cuando embistió con codicia
el cabestro al burladero.
Este manso del infierno,
les crea complicaciones,
y con las patas y un cuerno,
pega sin complicaciones.
Viendo los toros tan pancho,
metido en el burladero
está Manuel el Juanancho,
y es el cogido primero.
El cabestro enloquecido,
a Miguel el Estanquero
de sopetón le ha cogido,
y voló del burladero.
Atropella bruscamente
pisando sin compasión,
y lo pasan malamente
Antonio el Güi y el Punzón.
El animal no repara,
y cuando soltó el hachazo,
al uno le hirió en la cara;
y, al otro, pinchó en un brazo.
Sigue el bruto en su locura,
y, en el mismo burladero,
cogió a Moneo y Ventura,
y le pisó a Salinero.
Allí la sangre corría,
y, con serias conmociones,
llenaron la enfermería.
Los médicos les curaron;
y aquí están las matemáticas:
a trece heridos mandaron
trece inyecciones tetánicas.
Y, allí, nuestros practicantes,
al momento, administraron,
sirviendo así de calmantes
por el miedo que pasaron.
Pero el gesto más hermoso,
lo pondría con su mano
nuestro San Roque glorioso,
nuestro Santo soberano.
Nuestro Patrón es francés,
pues, de todos es sabido,
que nació en Montpellier,
nuestro San Roque querido.
Y siguiendo su destino,
a nuestro pueblo llegó,
y su mensaje divino
con amor nos entregó.
Y aquí empieza la semblanza,
que le dedica mi canto,
una especie de alabanza,
hecha con cariño al Santo.
Es un Santo soberano,
digno de veneración,
y el pueblo macoterano
le lleva en el corazón.
Al ver tal veneración,
desde el Cielo con su mano,
él manda su bendición
al pueblo macoterano.
Alumbrado por su estrella
con el mensaje del Cielo,
siguió de Cristo su huella,
dando al infeliz consuelo.
Dicen que fue milagroso,
majestuoso y humano,
curó peste, y al leproso
tuvo de amigo y hermano.
En su caminar penoso,
hizo curas de misterio,
siempre con gesto muy serio,
y, a la vez, muy generoso.
Compartiendo su destino,
fue su perro muy clemente,
las llagas lamió el canino
a su dueño, el penitente.
Al duro peregrinaje
de este viajero incansable,
siempre le ayudó en el viaje,
su bastón inseparable.
Su calabaza de vino
fue siempre reconfortante,
rico bálsamo divino
de las penas saludable.
Unido a la seriedad
de elegante caballero,
tomó personalidad
con su capa y su sombrero.
¿No merece un trono de oro
el Patrón macoterano,
que suele poner su mano
para librarnos del toro?
¿Y no es triste y no es extraño,
que siendo nuestro Patrón
se le aclame en procesión,
y sólo una vez al año?
Le debemos de alegrar,
y, al Santo darle ilusión,
recordarle en el hogar,
y a allí darle oración.
Que aquél que, con devoción,
le suplica y rinde honores,
de su buena condición
no le faltarán favores.
Ya termino la coplilla,
y con el pecho contrito,
digo, al final de este rito,
de forma llana y sencilla:
¡¡Viva San Roque bendito,
Patroncito de esta villa!!



