


Las lanas entrefinas no quieren río, sí agua fina de río para lavar sus legañas. Los laneros macoteranos, con la llegada del colchón flex, se ven obligados a abandonar su mejor especialidad lanera: la comercialización y preparación de la lana de colchón, la churra. El tajo, la banasta y el hachuelo pasan a ser piezas de museo en el rincón de la panera. Para sobrevivir, hay que emplear la experiencia del oficio en la compra a comisión de lanas finas y entrefinas para grandes empresas textiles catalanas, vascas y andaluzas. La relación con estas gentes y considerando los beneficios que podía reportar la venta de lanas lavadas y peinadas, hizo que los hermanos Morenito optasen por instalar en Macotera un lavadero de lanas merinas y entrefinas. En principio, la instalación quiso hacerse en el pueblo, pero el análisis de las aguas de sus pozos no eran las adecuadas para el blanqueo y desengrase de las lanas. Se consideró que el agua apropiada era la del río y, entonces, se pusieron en contacto con el señor Ulpiano, el padre de los Calderas, que trabajaba una huerta de una hectárea en los aledaños del río, y lindera con el camino de los Dos Arroyos, lo que facilitaría el transporte de las mercancías. Se adquirió la finca y la primera operación que se hizo fue abrir un pozo, el abastecimiento de agua para el lavadero estaba garantizado, pues se alimentaba con agua del río por medio de una tubería de uralita, que elevaba un motor de dos caballos.
La corriente eléctrica procedía de un transformador, que Domínguez tenía instalado en el matadero, y que ocasionó muchas horas de pérdidad de trabajo, pues, siempre que hacía viento, llovía con fuerza o asonaba la tormenta se fundían los fusibles y había que avisar a Julián, a Gregorio o a Tomás el jurado para que lo reparasen.
El edificio del lavadero se inició en 1953 y se cerró once años después, fecha en que abrió sus puertas el lavadero de las eras grandes, junto al cementerio. La gran nave era de adobes, que fabricaron a mencal los hermanos Rojetes a unos metros del solar; la levantaron los hermanos Cuerdas.
Información sacada del libro “Rincones Macoteranos”, escrito por Eutimio Cuesta y Jose Luis Rivero.



