


Se pueden contar con los dedos de una mano las casas de Macotera protegidas por soportales, a excepción de la Plaza Mayor. La casa del señor Valeriano y otras dos en el rincón del Redondillo. Las dos viviendas sombreadas por el soportal eran propiedad de Antonio Zaballos Bueno Perucho y Rafaela Jiménez Salinero Bizcocha, y de Juan Blázquez el Monjo y María García Blázquez. A su vera, se colocaba la casa de Cándida la Ralina y cerraba el ángulo la vivienda de Jerónimo Bueno Blázquez, Maruso.
Recuerdan las vecinas los grandes ratos de tertulia de la tarde, cuando, después de fregar, se reunían a coser debajo del soportal, y, ya de tarde, se bajaban a compartir la palabra a la puerta de la tía Bellota; las noches de invierno, a la luz del candil, preparaban baile al son del almirez, la badila y la llave, y a jugar a las tenacillas.
Enfrente del rincón y pasando el regato, se hallaba la casa y el huerto del tío Pitillo. Esta casa estaba ubicada por bajo de la casa de los Trinques, y el huerto comprendía las casas de los Bedijas, del Mudo y Serafín, que, posteriormente, adquirieron éstos para construir sus viviendas.
Información sacada del libro “Rincones Macoteranos”, escrito por Eutimio Cuesta y Jose Luis Rivero.



