


El frontón viejo hizo juego entre niños, jóvenes y personas maduras. Fue el centro de diversión y entretenimiento de todos. El frontón viejo nunca estuvo solo, inactivo, sin función. Este monumento de piedra y ladrillo es símbolo imperecedero de recuerdos, de tardes interminables y de corros a su sombra, de noches de tertulias y proezas, de enredos y ratos salpicados de picardías y chistes.
El inventario de los bienes del Ayuntamiento datado en 1890 se puede leer que el juego de pelota tiene una superficie de 1.121 metros cuadrados, lo describe como sigue: “Está abierto por todos los lados, al sitio de la plaza del mercado de la leña, que sirve y hace cara a dos juegos, construido de piedra, cal y ladrillo, linda por Oriente con entrada a la casa de Antonio Bautista Pérez (padre de Luzdivina la Corrocha); Mediodía, con Eras tituladas grandes; Poniente, con casa de Pablo Hernández Zaballos (tía Chaga) y Norte, con desaguadero nominado Regato la Virgen”.. El largo total de la pared es de 12,76 metros; su altura aproximada, 9,23 metros; alto del granito, 1,60 metros; la falta, o,92 metros: diámetro de los muros, 1,20 metros; tramo de pared de muro a muro, 10,36 metros y longitud de cancha, 28 metros. Es, sin ninguna duda, la pared mejor construida de todos los frontones abiertos de la provincia. Se trata de una auténtica obra de arquitectura. Fue levantada por profesionales alarifes de Macotera. Las dos terceras partes del frontis , por ambas caras, estaban revestidas por una capa fina de cemento y la tercera parte restante exhibía unas hileras de ladrillo macizo perfectamente colocadas para que no picasen la pelotas; en el centro, arriba, figuraba un rectángulo, con fondo blanco, en que se decía el año en que fue fabricado; con el tiempo, la pared sufrió el embate del hostigo y hubo que recubrirla con una buena capa de cemento. La pista era de tierra, de firme irregular. Cuando llovía, se formaban con mucha facilidad grandes charcos, que desaguaban al exterior por un regatillo, que dificultaba, una vez seco, el peloteo.
Antes de construirse el frontón, se jugaba a la pelota detrás de la iglesia. Nos cuenta el libro de fábrica, “que el cura ordenó colocar en las ventanas telas de alambre, porque los gastos de cristales eran cuantiosos”. Estas quejas seguro que influyeron para que el Ayuntamiento decidiese comprar al abuelo Lorenzana el huerto, que poseía en los aledaños del regato.. En febrero de 1883, se produjeron algunas quejas contra el Ayuntamiento, por hallarse abierto un pozo al pie del juego de pelota y, como esto puede implicar alguna desgracia personal o de otra especie, por estar a flor de tierra, manifiestan se proceda a su cegamiento.
Información sacada del libro “Rincones Macoteranos”, escrito por Eutimio Cuesta y Jose Luis Rivero.



