


La sede del Casino estaba ubicada en la calle del Cardenal Cuesta número 5 (antes calle Beneficio), en una época en que Macotera era un pueblo de gran actividad y dinamismo, como se percibía en todos los sectores que integraban la comunidad macoterana. Actuamente, el casino está cerrado.
“Reglamento de la Sociedad “Casino de Macotera”. Año 1942″.
En el capítulo primero, se recogen los objetivos de la Sociedad: “proporcionar a sus socios la distracción y honesto esparcimiento permitidos por la moral cristiana; una biblioteca compuesta por los libros, revistas, etc. con preferencia de aquellos que, por sus materias, tiendan a elevar el espíritu patriótico; la instalación de un servicio de café – bar, donde los socios podrán hacer las consumiciones que deseen, siempre que sean las propias de esta clase de establecimiento, no pudiéndose celebrar meriendas ni comidas dentro del local.
Podrán ser socios del casino todos los vecinos o domiciliados en Macotera, que soliciten del presidente el ingreso mediante petición escrita, debiendo acreditar, para ser admitido, las condiciones mínimas siguiente:
La Junta Directiva apreciará estas condiciones en su justo mérito y denegará el ingreso a todo solicitante, que no reúna las condiciones indicadas. Por exigencias del local, no podrán exceder los socios de 65, aumentándose este número, únicamente, en el caso de que se trate de admitir a funcionarios que ganen vecindad en esta villa”.
Sin ninguna duda, el casino cumplió con creces sus objetivos constituyentes. La partida era la actividad más celebrada y, al lado se echaba el tablero de ajedrez, se leía la prensa y se armaba la tertulia. Como en todas las cosas, en los inicios, se arrancó con mucha ilusión y los proyectos, que emergieron, fueron ambiciosos: se organizaban bailes de sociedad en Navidad y en los Carnavales; se impartían ciclos de conferencias; se traía algún espectáculo y la biblioteca aumentaba sus estanterías con las presencia de autores clásicos. Todo el mundo quería ser del casino o entrar en el casino a tomar una copa de la mano de algún socio, pero las limitaciones del espacio no daba más de sí, y surgieron algunas polémicas, pero se intentaba salir del conflicto con gestos de compresión y tolerancia.
Llegó la televisión y la actividad cultural se paralizó bastante; aquella se convirtió en la protagonista de la velada; fue la partida la que se mantuvo viva, incluso, se incrementó la afición a las cartas con la organización de algunos campeonatos de mus y tute.
Los Pericaños fueron los encargados de llevar el café, circunstancia lógica, ya que eran los dueños del local. Lo dejaron con el tiempo y se hizo cargo del mismo la familia de Roque Bolero y concluyó el ciclo Emiliano Pondera, quien trabajó tras el mostrador veinte años. Los cuatro socios, que quedaron, consideraron, no viable, seguir con la sociedad y la dieron por finiquitada.
Información sacada del libro “Rincones Macoteranos”, escrito por Eutimio Cuesta y Jose Luis Rivero.



