

Este año 54 personas, entre macoteranos y allegados, hemos ido a Holanda y Bélgica en el viaje organizado por la Cooperativa de Macotera (entre nosotros, Caja Rural)
Holanda sorprende por su paisaje tan extraño para nosotros. Es la tierra ganada al mar con su impresionante plan Delta. ¿Os acordáis de aquellos pólderes que estudiábamos de pequeños y que nunca acabamos de comprender en qué consistían?. Se utilizan técnicas de bombeo para desecar cientos de lagos y marismas y se construyen cuencas de almacenamiento para impedir que las tierras queden inundadas, la mayoría de las veces dirigidas por ordenador. Por fin lo hemos entendido, ahora que hemos visto pólderes en persona sacaríamos sobresaliente en esta lección de Geografía. Y nos han contado que muchos de ellos se hallan a 6 metros bajo el nivel del mar, ¿no es increíble?. Y qué decir de esos originales molinos de viento que algunos también tenían tradicionalmente una función importante que era la del drenaje del agua sobrante del pólder para secar el suelo y poder cultivar la tierra. Allí la gente convive con el agua, siempre rodeados de canales, lagunas y lagos. Pero todo está bajo control, por supuesto, pendientes del agua desde siglos, trabajando entre el agua, construyendo diques, drenando agua, clavando pilotes bajo el agua para construir sus casas… Agua, agua, agua, hasta conseguir ganar la batalla al mar.
Y en estas parcelas verdes cuadriculadas, delimitadas por canales de agua, siempre pacen algunas orondas ovejas o cabras y sobre todo cientos de vacas frisonas que proporcionan la leche (nos han contado que ¡alguna hasta 6000 litros al año!) que sirve para hacer los exquisitos quesos que tuvimos la oportunidad de probar. La variedad es enorme, de todos los sabores posibles, para que cada uno pudiéramos elegir los que más nos gustaran para traernos a casa.
La visita al Mercado de Flores de Amsterdam, repleto de bulbos de tulipanes, jacintos, narcisos… y flores de diferentes tamaños y colores, nos ha servido para imaginarnos lo que puede ser este país en plena primavera. Recorrimos cómodamente en autobús Amsterdam para hacernos una idea general de la ciudad, pero también la hemos pateado, pudiendo comprobar la enorme cantidad de bicicletas que circulan por sus calles (¡hay unos 18 millones de bicis en un país de 16 millones de habitantes!). Hemos aprendido, sin duda alguna, lo peligroso que puede ser el no prestar atención a los ciclistas. Son mucho más peligrosas las bicis que los coches ¡dónde va a parar!. De ahí nuestra improvisada contraseña de alerta máxima: “bici, bici, bici” para no ser arrollados. Vimos el caudaloso Amstel, los canales, los edificios, los barrios, incluido el desconcertante Barrio Rojo donde una parte del grupo se perdió y alguno a punto estuvo de caer al canal, seguramente por mirar demasiado a izquierda y derecha… Un rato después ya nos volvíamos a reunir comentando la aventurilla del despiste.
También hemos aprovechado la gran oportunidad de admirar en directo“El dormitorio”, “Los lirios”, “La casa amarilla”… del Museo Van Gogh. Alguien optó por visitar el Museo Municipal para ver cuadros de uno de los mayores maestros barrocos de la pintura, Rembrandt.
Todo nos gustó y el buen tiempo nos acompañó la mayor parte del viaje aunque algún rato nos lloviera. Fue un placer pasear y comer (muy sabrosos sus arenques) por los pintorescos pueblecitos pesqueros de Volendam y Marken, con sus viviendas construidas sobre pilotes y un puerto precioso…
Una breve parada en La Haya para algunas fotografías y risas a cuenta del Tribunal Internacional y de nuevo al autobús que nos llevó a una preciosa ciudad llamada Delf, donde nació Vermeer. En ella recorrimos multitud de canales y rincones pintorescos. No nos extrañó que, el tan repetido por nuestra guía, Guillermo “el Taciturno” la eligiera para vivir.
La primera ciudad que visitamos de Bélgica fue Amberes, cuna de Rubens, la ciudad del Escalda que tanto determinó en el desarrollo de esta ciudad. Contemplamos la imponente catedral gótica de Nuestra Señora, la más grande de Bélgica. Luego Gante, donde nació Carlos V y luego fue bautizado en la impresionante catedral de San Bavón que visitamos con la simpática guía Ana María (“dinerito, dinerito”, nos decía que había en esta ciudad). Pero la ciudad con más encanto ha sido, sin duda, Brujas, por su tipo de arquitectura. Y fue todo un hallazgo descubrir en la esquina de un edificio al mismísimo San Roque (¡vaya algarabía se formó!). La Gran Plaza es un verdadero museo al aire libre, además de sus pequeños y románticos puentes, los cisnes en el agua, la barquitas recorriendo los canales, los encajes de bolillos… Esta ciudad es un tesoro a la que hay que volver más despacio. Y por último Bruselas, esa ciudad que algunos comentábamos, por puro desconocimiento, que no nos decía nada. Sin embargo su Gran Plaza nos dejó boquiabiertos. Es el corazón de la vieja ciudad, imprescindible de ver por su maravilloso ayuntamiento con su elegante torre, porque está rodeada de impresionantes casas de siglos pasados, porque está llena de vida, por sus tiendas (Godiva es un dulce ejemplo con sabor a chocolate que muchos visitamos). También disfrutamos en las Galeries Royales St Hubert y fotografiándonos con el Manneken-Pis, que según nos contó Paquita, nuestra guía, posee un guardarropas completo y variado (más de 600 trajes). Mención especial para las cervezas: algunos han disfrutado bebiendo todas las que estaban a su alcance y aún se quedaron con ganas de seguir probando. ¡Eran tantas clases las que había! Y acompañadas de unos buenos mejillones al vino blanco, mejor que mejor.
Durante todo el viaje estuvimos muy bien informados por los guías que tuvimos allá donde llegábamos, y también nos hemos sentido en todo momento protegidos por los responsables de la Cooperativa, Jesús y Francis, bajo la organización de Clemente, que se preocupaban de que la “manada” no se desperdigara demasiado. El compañerismo del grupo también se notó cuando fue necesario.
En fin, un bonito viaje de conocimiento y diversión en grupo que nos deja con ganas de repetir la experiencia el próximo año.
Raquel Cantalejo



