

Dos palabrejas, que no pierden uso: Margañán y bisnera
El Margañán
Cruza el término un pequeño río, procedente de la sierra de Ávila, que lleva sus aguas al Tormes. Un arroyo al que se le ha aplicado diferentes nombres a lo largo del tiempo. Unos le llamaron Margañón; el cura de Tordillos, en 1766, lo titula Misgañín, y las gentes de hoy lo conocemos como Margañán; pero, antes de adentrarnos en sus entresijos, te voy hablar del origen y significado de Margañán.
Margañán (“ Ma – algannam”) es un hidrónimo de origen beréber, que significa “agua del pastor”.
Hagamos un poco de historia. Cuando los árabes decidieron apoderarse de península, los beréberes, pueblo norteafricano, se alistó en el ejército musulmán. Conquistada España, a la hora de repartir la tarta, los árabes asignaron a los beréberes las tierras más áridas e improductivas; esta afrenta molestó mucho al pueblo beréber, que se alzó en armas contra ellos. La revuelta fue reprimida violentamente y muchos de ellos huyeron en busca de refugio en las zonas montañosas del Sistema Central.
El pueblo beréber fue un pueblo de pastores y consideró los lugares montañosos del Sistema Central muy propicios para desempeñar su oficio tradicional. Precisamente, estos nuevos pobladores dieron nombre a aquellos hilillos de agua que brotaban sumisa de las peñas y que se hermanaron formando una mayor arteria: el “Ma – algannam”, el Margañán, “agua del pastor”.
Tomás López, a mediados del siglo XVIII, se propuso elaborar un mapa de la provincia de Salamanca. Para llevar a cabo su plan, contó con la colaboración de todos los curas de la provincia. Les envió un cuestionario en el que se les pedía información minuciosa sobre los distintos accidentes geográficos que se mostraban en sus respectivos lugares. El cuadernillo con las respuestas, correspondiente a Macotera, se ha extraviado; de los pueblos limítrofes, únicamente, se conserva, en el Archivo de la Diputación de Salamanca, el del cura de Tordillos, don Josep Nieto. Los apuntes del cura tordillesano son muy interesantes, pues nos pinta la red de caminos que unen Tordillos con los pueblos vecinos y nos traza con exactitud la ubicación de la desaparecida ermita de san Miguel de Fresnillo y del monte, que había a la misma salida de Macotera, a la izquierda del camino de las Cárcavas, y se conocía por “Monte Viejo”. Pero sabrosa es también la descripción que hace del río Margañán, que él nombra Misgañín, seguramente, porque así lo denominarían los lugareños por el año 1766:
“Río o arroio, que passa por Coca, nace del término del lugar de Badillo de la Sierra de barios manantiales, junto a nuestra Señora del Risco, ai en dicha Hermitta un hospizio de religiosos agustinos, y esttá cerca del cerro que llaman Salrrotta, es una sierra bastante alta y al pie de ese alto, está un lugar que llaman Villatoro, y es toda tierra y obispado de Ávila. Baja dicho río a los molinos de Veguillas y siguiendo agua abajo, passa por Cabezas del Villar, Malpartida, Santiago de la Puebla, este de Tordillos, Coca, Peñarandilla, Jimingómez y, a poca distancia, se juntta con el río Almar, de modo que abrá de este de Jimingómez a la Granja medio quarto de legua, y se llama dicho río Misgañín.
Bisnera, vocablo visigodo
La historia de Macotera guarda silencio hasta mediados del siglo XIII. Nada de nada, sobre el tránsito de cartagineses y romanos y, muy poco, sobre el asentamiento de los visigodos. Sabemos de la presencia de este último pueblo germano en la provincia, porque dejaron pruebas en forma de monedas, alguna necrópolis, un sepulcro como el descubierto en Calvarrasa de Arriba, algún recipiente de cerámica y algunas pizarras con grafías difíciles de descifrar, como las halladas en la dehesa del Cañal, cerca de Galinduste. Indicios claros de su estancia en nuestra provincia y, posiblemente, se dieran también una vuelta por Macotera.
Si es cierto que todo el mundo se aferra a una piedra, a una moneda, a un cacharro de barro para certificar la presencia, en su rincón, de un pueblo antiguo, ¿por qué no lo vamos a hacer nosotros?
Existe una palabra en nuestra habla, típicamente macoterana, y muy difícil de encontrar en el diccionario, y, en consecuencia, muy rara y extraña para los lingüistas y demás pueblos, y que nosotros podemos enarbolar como prueba de que los visigodos vagaron por nuestra tierra. Se trata del vocablo ‘bisnera”. Muchas vueltas he dado tras la procedencia de esta palabra y, por fin, di con su rastro en la Enciclopedia Universal Ilustrada de Espasa Calpe, tomo 8. Proviene de “bisna”, vocablo germánico, que significa ventana. Este término lo empleamos para nombrar el hueco, que se abre en la pared exterior de la vivienda, como respiradero de la bodega. Además la utilizamos para introducir la uva hasta el lagar, donde es pisada y prensada por la famosa viga.
Timi Cuesta



