


El Gobierno, siguiendo las directivas comunitarias sobre residuos y plásticos de un solo uso, está tramitando un anteproyecto de ley que tiene como objetivo reducir el consumo de plástico a nivel nacional. Entre otras medidas, se creará un impuesto indirecto a los plásticos no reutilizables. La ley será aprobada entre finales de este año o principios del 2021, lo que además comportará la prohibición de algunos productos elaborados con plástico.
Las consecuencias de esta nueva ley, aunque muy positivas para el medioambiente, van a forzar la reconversión de los fabricantes de plástico, quiénes deberán implementar alternativas como, por ejemplo, envases biodegradables.
Las conocidas y nocivas consecuencias que tiene el plástico sobre nuestro ecosistema han impulsado la búsqueda de alternativas a los envases de plástico tradicionales. Actualmente ya existen envases biodegradables que han reducido a la mínima expresión su impacto negativo sobre el medio ambiente. De esta manera, con un envase ecológico dejamos de producir residuos, pues estos envases se descomponen rápidamente sin liberar elementos químicos o gases a la atmósfera y, además, pueden ser consumidos por microorganismos favoreciendo el curso de su ciclo vital.
La transición hacia envases biodegradables, se hace más necesaria cuando observamos las consecuencias del aumento de los microplásticos en nuestro entorno. El plástico vertido al mar se deshace en minúsculas partículas prácticamente indestructibles. De esta forma, puede ser ingerido por microorganismos, peces y animales más grandes, por lo que se integra en la cadena trófica y el pez que ingirió esas micropartículas de plástico mañana podría estar en nuestra mesa.
Asimismo, al ser tan minúscula la partícula de plástico, puede pasar a formar parte del ciclo del agua. Cuando el agua se evapora en el mar, puede arrastrar estas partículas y acabar descargándolas en los ríos de todo el planeta. De esta manera, según un estudio, el 90 % del agua embotellada contiene microplásticos.
Teniendo en cuenta lo anterior, es lógico que en países como Reino Unido, Italia y España se esté implementando un nuevo impuesto sobre envases no retornables. A partir del próximo año y con esta medida, España prevé una recaudación anual de 724 millones. Aunque la ley establece que será un impuesto verde aplicable a los fabricantes e importadores de plástico, gravando con 0,45 euros cada kilogramo, es probable que recaiga sobre el consumidor.
Con todo, existen envases ecológicos que también tienen efectos positivos sobre la comida que guardan. Entre ellos encontramos los envases biodegradables para alimentos de suero de queso y cáscara de almendra, elaborado a partir de desechos y subproductos. Es un envase activo, lo que significa que favorece de forma activa la propia conservación del producto.
Como vemos, mientras la legislación se va impregnando de conciencia ambiental, cada día aparecen nuevas investigaciones y nuevas alternativas a los plásticos de un solo uso. Con el tiempo, el uso de plásticos no retornables se irá reduciendo a la vez que aumentará la creación de nuevos materiales más respetuosos con el medioambiente. Solo de esta forma se podrá frenar paulatinamente la crisis ecológica en la que están inmersas todas las sociedades.



