


De un tiempo a esta parte, son muchos los medios los que han cuestionado la repercusión de la actividad ganadera sobre el medioambiente, achacando a esta industria la responsabilidad de una gran parte de la emisión de gases de efecto invernadero. La solución que se plantea es la reducción drástica del consumo de este tipo de productos como única opción viable para revertir la degradación ecológica que está afectando al planeta. O al menos un cambio en el tipo de gestión y producción dentro del sector ganadero.
Sin embargo, otras fuentes toman como ejemplo varios estudios para demostrar que las emisiones de GEI provienen en su mayoría de otras actividades humanas. Por una parte Greenpeace ha comunicado que en la primera semana de confinamiento por el coronavirus, los valores medios de dióxido de carbono en grandes ciudades no alcanzaron el 40 % del límite establecido por la UE y la OMS. En las siguientes semanas eran inferiores al 35 % en Barcelona, Madrid o Sevilla. Unos datos que también ha confirmado el Centro de Tecnologías Físicas de la Universitat Politècnica de València basándose en datos de la Agencia Espacial Europea. Estos informes evidenciarían que el impacto ambiental de la ganadería en cuanto a la emisión de GEI es inferior a la producción de otras materias primas.
Los datos oficiales publicados por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico muestran que en nuestro país la ganadería representa el 7 % del total de las emisiones de GEI. El transporte ocupa el 27 %, la industria el 19,9 %, la generación de electricidad representa el 17,8 % y el consumo de combustibles un 8,5 %. Cabe puntualizar que la producción ganadera también está vinculada indirectamente con estas últimas actividades, por lo que los datos podrían tener un margen de error.
La ONU también se ha pronunciado al respecto publicando un último informe en el que señalaba a la ganadería como uno de los responsables, a nivel global, de la mayor parte de emisiones de gases de efecto invernadero. También se ha analizado la repercusión de la agricultura sobre el medioambiente, y según los datos extraídos, supone el 23 % de las emisiones contaminantes. Solamente en la UE, el 71 % de los cultivos están destinados a la producción de alimento para el ganado.
Sin embargo, la FAO está trabajando para poder transformar esta realidad y poder desarrollar un modelo de industria más sostenible, optimizando la gestión de los sistemas producción, abordando el problema de la ganadería y el cambio climático y elaborando estrategias para minimizar el impacto ambiental.
En los últimos años, el cambio de los hábitos de consumo ha generado una enorme demanda y por consiguiente una sobredimensión del sector. La OMS comunica que una alimentación saludable debe basarse principalmente en alimentos de origen vegetal, relegando a las carnes rojas, blancas y procesadas a un consumo puntual y moderado.
A pesar de todos estos datos, las organizaciones nacionales e internacionales están trabajando para darle un mejor rumbo al grave problema del cambio climático, elaborando políticas de producción sostenible e incentivando cambios favorables para el cuidado y el respeto de la biodiversidad.



