


Lo más importante para una planta es que tenga un desarrollo adecuado, para ello es imprescindible elegir el mejor abono para hacerla florecer.
Una planta puede marchitarse debido a la insuficiencia de nutrientes y para impedir esto se utilizan los denominados abonos de jardinería. Elegir el mejor abono es esencial y esto depende de varios factores. Principalmente existen dos tipos: orgánicos e inorgánicos.
Los abonos pueden tener distintos tipos de nutrientes. Una planta exige mayoritariamente, nitrógeno y fósforo. Pero también es cierto que dependiendo de la planta estos deben presentarse en mayor o menor cantidad, primero debemos buscar información o pedir ayuda a un especialista de que necesidades tiene cada vegetal.
Las plantas con un follaje mayor tienen que encargarse de la necesidad de nitrógeno, que interviene en el crecimiento de las hojas y tallos. Las plantas que son cultivadas por sus flores y frutas, necesitan mucho más fósforo.
Para que una planta esté llena de energía y tenga buena salud debe disponer de potasio, necesario para la floración y la fructificación. Un buen fertilizante debe suministrar una cantidad conveniente de estos elementos.
Los abonos orgánicos se originan por la descomposición de residuos animales o vegetales, por lo que obsequia al suelo los nutrientes que los cultivos conseguirían de forma natural. Tienen efectos positivos en la composición química, física y biológica del suelo. Sin embargo, su acción hace que el crecimiento sea más lento, algo que podría llegar a ser una importante desventaja, pero con el tiempo no perjudica a la planta.
Los abonos inorgánicos no tienen materia orgánica ni vegetal ni animal, se pueden obtener de forma natural por medio de minerales extraídos de la tierra o también se puede producir artificialmente en los laboratorios. Estos fertilizantes tienen una acción rápida pero una clara desventaja es que su abuso puede llegar a ocasionar daños en la planta.



