


El suelo es un recurso natural que se considera no renovable, pues tarda mucho tiempo en formarse. Este recurso, fundamental para nuestra supervivencia, se ve amenazado por el fenómeno de la degradación del suelo agrícola, causante de que este pierda calidad y, por consiguiente, fertilidad.
Para combatir la degradación del suelo, que es especialmente perjudicial en los terrenos agrícolas, varios laboratorios portugueses y españoles están investigando los beneficios de algunos compuestos orgánicos, como las algas, las flores, los gusanos o el estiércol.
Esta colaboración entre las instituciones ibéricas se encuentra dentro del marco del proyecto “Res2ValHUM”, desarrollado bajo el programa Interreg V-A España-Portugal. Esta iniciativa, que nació hace poco más de dos años, tiene la finalidad de promover el compostaje para el tratamiento de residuos orgánicos. Concretamente, el proyecto busca analizar, optimizar y promover el uso del compost en la agricultura como corrector de suelos de origen orgánico y contribuir de esta forma a la gestión ambiental sostenible.
El compost orgánico procede de los residuos urbanos verdes, entre los cuales se encuentran los restos de flores, algas, gusanos de agua, estiércol y desechos de la poda de árboles.
Este producto es muy beneficioso para los terrenos, pues contiene sustancias húmicas, es decir, moléculas bioactivas. Fátima Bento, coordinadora del proyecto en Portugal, asegura que los investigadores ya están trabajando en la optimización de estas moléculas para crear un compost mejorado que se pueda aplicar de diversas formas a nivel industrial.
De hecho, los científicos a cargo de la investigación —procedentes del departamento de Química de la Universidad del Minhoa— han podido observar que los extractos enriquecidos con sustancias húmicas desarrollan hongos que desencadenan relaciones positivas en las plantas, según explica Bento. Además de “aumentar el vigor, crecimiento y proliferación de las raíces”, el compost tiene un efecto muy beneficioso para los hongos, ya sea en aquellos que causan “enfermedades” como en aquellos que “establecen relaciones positivas”, explica.
De esta forma, pueden cubrir dos frentes: por un lado, atacar a los patógenos y, por el otro, promover una acción más fuerte de los organismos positivos. Sin embargo, a pesar de mostrarse “receptiva” a estos resultados, la profesora e investigadora del departamento de Biología, Ana Cunha, asegura que aún son preliminares.
Cuando se utiliza en la agricultura este tipo de compost orgánico, se produce además otra gran ventaja frente a otros fertilizantes. Según asegura la coordinadora del proyecto, el compost orgánico funciona como un agente doble para los cultivos y plantaciones, pues podría disminuir la carga y uso de pesticidas.
De igual forma que los biólogos lusos, los investigadores de la Universidad de Santiago de Compostela ya han logrado verificar la utilidad del compost orgánico para la rehabilitación de los suelos degradados de la Mina de Touro, una vieja mina de cobre que ha sido completamente estéril durante 20 años pero que hoy presenta vegetación y fauna diversa.
Pero las ventajas del compost orgánico no se quedan aquí. También puede usarse como purificador de agua, pues podría retener contaminantes emergentes de las aguas residuales, como, por ejemplo, los fármacos.
Con un presupuesto de 2,1 millones de euros, el proyecto “Res2ValHUM” involucra a siete entidades, cinco empresas especializadas en la producción de tierra y compost orgánico y dos laboratorios científicos asociados con las universidades de Minho y de Santiago de Compostela.



