


Tras tres revoluciones a lo largo de la historia, llegamos a la cuarta revolución agrícola o la también llamada por algunos la revolución 4.0. La primera revolución se caracterizó por pasar de la tracción animal a la tracción mecánica; la segunda, por la creación de fertilizantes sintéticos; la tercera, tras la Segunda Guerra mundial, fue la conocida como la Revolución Verde. Ahora, nos encontramos en la cuarta revolución, la Revolución 4.0.
El objetivo es producir más con menos, según las nuevas bases de la nueva Política Agraria Común (PAC) vigente desde 2017 y hasta 2021, las nuevas tecnologías y el uso de Big Data para el sector agrícola hacen que los costes de la producción agrícola puedan abaratarse y pueda producirse más con menos.
El impacto que está causando no es solo a nivel de producción, sino también a nivel generacional, ya que el uno de medios informáticos en el ámbito agrícola está atrayendo a nuevos agricultores mucho más jóvenes e interesados por mejorar el sector. Los agricultores podrán controlar el riego y la evolución de sus plantaciones desde dispositivos móviles o tablets, facilitando el trabajo y haciéndolo más preciso.
El Big Data no solo atrae a nuevos trabajadores al mundo agrícola, sino que también aporta cosas como una mayor producción, una notable reducción de insumos ya que elementos como los drones nos permiten hacer un análisis global para poder actuar de forma local. También nos permite cosechar en el momento más oportuno a través de un análisis detallado de las producciones, la integración de estos datos y de otros muchos, como los meteorológicos permiten tener una mayor precisión en la toma de decisiones, a la vez que ayudan a proteger la renta del agricultor y a reducir el desperdicio alimentario.
Como toda revolución agrícola, esta también requiere de una serie de necesidades para que tenga éxito. Se estima que para 2015 la población mundial será de 10.000 millones de habitantes, por lo que la agricultura necesita un gran impulso para poder alimentar a toda la población. Superar la brecha digital del mundo rural para poder usar todos estos nuevos medios, ya que en el año 2013 tan solo el 25,1% de la población de la UE tenía acceso a internet. Por otra parte, el que todos estos datos se manipulen a través de internet implica que pueden quedar al alcance de cualquiera, como consecuencia habría que crear una nueva ley de privacidad que proteja toda esta información y a los propios agricultores.



