


Comenzamos con una afirmación: cultivar y cosechar es todo un arte. A esta frase no nos podemos negar, por más que el ser humano se haya dedicado a los cultivos durante miles de años, la verdad es que nadie nace sabiendo cosechar o cultivar, por lo tanto, esta es un área que requiere de mucha preparación previa.
Entre las diversas preguntas que nos pueden surgir se encuentra una en especial, ¿cuándo sé que mi cultivo se encuentra maduro y listo para ser recogido? Pues esto solo requiere de mucha observación y práctica. Sin embargo, sabemos lo mucho que a cualquier principiante en el mundo de los cultivos le cuesta poder retirar una fruta en su punto óptimo, cuando ya está lista pero no completamente madura. Situaciones como estas han provocado que o se adelanten mucho o se retrasen a la hora de recoger las frutas, lo que más adelante produce lo que conocemos como la campaña de la recogida tardía de frutas.
Dependiendo del tipo de fruta y especie, tanto manzana, como pera, ciruela, cereza, etc, tienen diferentes temporadas de recolección y dentro cada temporada de recolección, también se agrupan los diferentes momentos para recoger los frutos, que podemos agrupar en: recogida “temprana”, “a mitad de temporada” y “tardía”.
Cuando se deja madurar un fruto disminuye el contenido total de ácidos orgánicos. Esto conlleva un cambio en su sabor y en sus componentes provocando un aumento de ciertos componentes del fruto, como sus azúcares, ácidos y sustancias astringentes y aromáticas que se encuentran dentro del mismo.
Debido a que la acidez disminuye durante su conservación a bajas temperaturas, es necesario, si se quieren guardar los frutos durante cierto tiempo, que después de ser recolectados se almacenen con unos niveles suficientes de acidez, es decir, que sean conservados en lugares refrigerados para mantener la calidad del consumo.



