


El barbecho es una técnica de cultivo que se empezó usar a principios de la Edad Media, con el fin de que las tierras se recuperasen para las próximas cosechas y así poder tener mayores beneficios de sus cultivos y también controlar el desgaste de las tierras.
Con esta técnica lo que se conseguía y se consigue es rescatar la humedad necesaria para que los productos sean de máxima calidad, poder tener los nutrientes adecuados ya recuperados de la siembra anterior, garantizar unas materias orgánicas de calidad para futuras cosechas y evitar patógenos.
Normalmente se suele dejar sin cultivar 1 o más años para el descanso de la tierra, según el tiempo de descanso que se deje es conocido como largos o cortos barbechos, y pueden llegar a ocupar hasta la mitad del terreno dependiendo también del tipo de cultivo.
En este método de cultivo se lleva a cabo el arado sin llegar a sembrar en ella, para así poder conseguir que la tierra pueda descansar y evitar la sobreexplotación del recurso natural. Con el arado de las tierras que no se cultivan, las malas hierbas que se encuentran en este terreno podrán ser usadas como abono y así poder recuperar los minerales que se pierden con la siembra y poder tener una próxima cosecha con un alto rendimiento gracias a esta técnica de trabajo utilizada.
Otro de los modos usados dentro de esta técnica de cultivo es el conocido como barbecho herbáceo, que consiste en abandonar la tierra por completo sin hacer nada en ella, también conocido como rastrojera. Otra forma de barbecho es el labrado, donde se labra y se siembran semillas que renueven la tierra, sin usar el cultivo.
En definitiva, la ventaja más destacada del barbecho y reconocida por todos los agricultores es la mejora de la eficiencia productiva.



