


Tras unos años de dura sequía, los últimos meses nos han dejado abundantes precipitaciones que han provocado intensas inundaciones y el desbordamiento de múltiples ríos. Este hecho ha provocado grandes pérdidas en el mundo de la agricultura.
Según el Instituto de Estadística de la Castilla y León, la cifra de precipitaciones en lo que va de año ha hecho que los embalses de la comunidad alcancen el 90% de su capacidad, una cifra que hacía muchos años que no se alcanzaba.
A pesar de que la lluvia es tremendamente necesaria para los cultivos, cuando las precipitaciones son intensas y continuadas, su fuerza provoca daños en las plantaciones.
No solo las lluvias afectan, la cantidad de precipitaciones han provocado que los embalses y pantanos alcancen su nivel máximo, provocando así desbordamientos de los ríos y la consecuente inundación de cientos de hectáreas.
La cantidad de agua ha sido tal que la tierra ha sido incapaz de aceptarla por completo, así, sus poros, en los que se encuentra el oxígeno, se han llenado de agua. Los vegetales necesitan oxígeno para una correcta fotosíntesis y lograr su supervivencia. De esta forma, en unas cuantas horas, la situación de anaerobiosis provoca la muerte precipitada de los cultivos. Según el tipo de plantación, la capacidad para aguantar las lluvias será mayor o menor.
Lo que afecta a todas las plantas por igual, es la fuerza de la lluvia o los fuertes granizos, provocan daños por su potencia y destroza todo tipo de cultivos. Asimismo provoca daños en infraestructuras como pueden ser los invernaderos.
En Castilla y León las pérdidas han sido realmente elevadas, en algunas parcelas la pérdida de cultivos ha alcanzado el 50 por ciento.
Igualmente, se ha visto alterado el ritmo de los mismos. Por ejemplo, la patata ha supuesto un problema en este periodo. Se estima que su recogida este año se retrasará en torno a un mes y medio.



