



Los ventanucos no sólo eran puntos de luz y de ventilación de sobraos, sino también ejercían la misma tarea en salas, portales y cuartuños. Era raro tropezarse con grandes ventanas antes de 1918, en que comenzaron a alzarse viviendas de ladrillos de dos plantas con grandes ventanales y balconadas. Hasta esa fecha, tenemos referencia documental de que las casas eran todas de una planta y construidas de tapial y adobe. El adobe es una masa de barro mezclado a veces con paja, moldeada en forma de ladrillo y secada al aire, que se emplea en la construcción de paredes o muros. El adobe y el tapial eran los únicos materiales de construcción y de una solidez y de una utilidad extraordinarias. Los muros llegaban a tener el grosor de un metro. Y nuestros antepasados construían así por su gran sentido práctico, pues los inviernos eran muy crudos y los veranos muy calurosos; este tipo de vivienda mantenía el escuálido calor en invierno y las conservaba frescas en verano.
Por ello, asimismo, se abrían pequeños huecos en las paredes como focos de luz y centros de ventilación, y se protegían con sencillas rejas de cualquier imprevisto. Algunos dicen verjas, en lugar de rejas; hoy se dice verja aplicada a la cerca; en cambio, la reja toma más fuerza en el caso de guarecer ventanas y balcones.



