


Las cuatro esquinas dan entrada a la calle de la Leche y a la calle Retuerta. Su nombre de cuatro esquinas se lo ponen las esquinas correspondientes a ambas calles. También vierten en las cuatro esquinas tres calles: Obispo Jaime, Oriente y Botica.
Las cuatro esquinas fueron el centro de los juegos de los niños que se criaron en calles aledañas. Jugaban al carrete, a los cuadrines, al peón y al mahón, y las niñas jugaban al cahimbo.
La gente mayor tomaba el sol en la fachada de la señora Isabel la Carnicera. Antiguamente paraba siempre aquí el tamboril para echar unos bailes y las máscaras en los carnavales. Se trata de un lugar de paso de toda la gente que vive y va a Santa Ana.
Cercaban las cuatro esquinas, por su izquierda, la fachada de Pablo Bautista, la bodega de la esquina pertenecía a Remigio Bautista Zaballos, que residía en la calle de la Plata; por la derecha la cerraba el lagar de Jerónimo Gómez Bueno; por la espalda tenía la pared de la vivienda de Alonso Zaballos Madrid.
Información sacada del libro “Rincones Macoteranos”, escrito por Eutimio Cuesta y Jose Luis Rivero.



