


En el informe de la visita, que realizó el representante del obispo en el año 1600 a Macotera, se dice: “Tiene buena tribuna, órgano, su torre de campana y su reloj muy bien tratado”.
En 1751, se le dan a Francisco Mediero 130 reales, como encargado de mantener el reloj de la torre.
La siguiente referencia sobre el reloj es en el año 1863, año en que se encarga de darle cuerda Miguel Dominguez, sacristán del pueblo. El Ayuntamiento le pagaba 240 reales al año.
En 1889, el Ayuntamiento solicita al gobernador civil autorización para la adquisición y colocación de un reloj de campana en la torre de la Iglesia. Se le concede el permiso pertinente y se compra el reloj a don Antonio Canseco. Se le proporcionó hospedaje y el viaje de ida y vuelta a Peñaranda. Don Juan Gómez de Sebastián, relojero de Salamanca, se quejó al señor gobernador civil, porque se estaba colocando un reloj de torre en la Iglesia por cuenta del Ayuntamiento sin formalidades de subasta. El Ayuntamiento manifestó que el reloj, que se trataba de instalar, era del sistema de Antonio Canseco, vecino de Madrid, y que se declaraba improcedente dicha queja.
El alcalde, una vez colocado el reloj, levantó una diligencia haciendo constar que dicho reloj es propiedad del vecindario. El cura párroco firmó su aceptación. El cura y el ayuntamiento encargaron del mantenimiento del reloj al sacristán Manuel Dominguez por la cantidad de 60 pesetas al año, que abonará el ayuntamiento.
Información sacada del libro “Macotera, compendio de su historia”, escrito por Eutimio Cuesta.



