


Como el término municipal es reducido y escasas las vías de comunicación para el desarrollo de la industria, la emigración de los macoteranos es constante; y a pesar de que la mayoría de las familias eran numerosas, el número total de habitantes no crecía.
El macoterano, es un tipo plural y curioso. Charro de pura cepa, es listo, reservado, serio, luchador y consciente de sus valiosas prendas. Diríase que en su psicología se reproducen las diversas características de su paisaje. Los que se han hecho en el campo aguantando las heladas invernales o el fuego de la canícula, con el arado, el azadón o el bieldo en las manos, son callados, serios, duros y trabajadores. Los industriales trotones de pueblos, ferias y mercados son abiertos, decidores, gitanescos y hasta un tanto aventureros. Trafican en todo lo que se les pone por delante: legumbres, pieles, lanas, telas, huevos y ganados. La gente nos conoció principalmente a través de éstos, dotados de una maña y astucia especial para los tratos.
A pesar de todo, Macotera es un pueblo profundamente religioso. Desde muy antiguo, permanece fiel a las tradiciones cristianas de sus abuelos, que defiende y conserva con coraje e ilusión.



