A mediados del siglo XVIII, Macotera juntaba trescientas veinticuatro casas, tres de ellas en ruina. Se apiñaban en siete barrios:
El de la calle Larga, que compendía la plaza de San Gregorio hasta el arroyo de abajo, junto al porquero, y, además, la calle de la Luz. En este barrio, habitaban cincuenta y seis familias.
El barrio de Arriba lo integraban las calles del Príncipe, Carretas, Leones, Oro y Horcón y albergaba cuarenta y una familias.
El barrio de la Virgen de la Encina poseía treinta casas.
El barrio de Abajo, con las calles de las Procesiones (calle Honda), calle de la Iglesia (Cardenal Cuesta), Cristo, Jesús, Empedrada, Pozo de las piedras (plaza de la Leña) era habitado por treinta y seis vecinos.
El barrio de la Plata, con las calles del Piojo, Padre Nieto, Sevilla y Norte con treinta y siete.
El barrio más populoso era el de Santa Ana, con la calle de las dos ermitas (Santa Ana y Virgen de la Encina), que, posteriormente, se dividió en dos tramos: calle Oriente y Tentenecio; Pez, Retuerta, Leche y Cuesta del Ángel con cincuenta y seis hogares.
Ya se citaba, en 1751, la calle de las Fraguas, con 10 casas entre las que se hallaba el mesón de Nicolás Sánchez. La plaza era el recinto de tertulia y de espera a la salida de misa y del rosario. Estaba rodeada por diez casas de planta baja, en una de ellas vivía el boticario, Pascual Sánchez. La casa de Joaquina la Contra, en la Plaza Mayor, a mediados del XVIII, la atravesaba la calle de “Aguas vertientes”, que desembocaba en el arroyuelo de la Virgen.