


Selección, preparación, siembra de cereal, cultivo y almacenamiento, son las acciones principales para obtener un producto de gran excelencia.
Los cereales contribuyen a mantener una dieta saludable en todas partes del mundo. Existen varias especies de estas plantas herbáceas monocotiledóneas que cumplen un determinado ciclo anual, proporcionando granos o semillas utilizados en la alimentación animal y humana. Cebada, avena, trigo y centeno son algunos de los principales usados para la siembra de cereal, que requieren determinadas condiciones climáticas y de suelo para un desarrollo óptimo del grano.
El uso extendido del cereal como producto principal de la agricultura permite diferenciarlos en dos grupos, cereales de verano y de invierno.
La importancia de su cultivo se encuentra en el contenido de proteínas y almidón que tiene esta semilla, cualidades muy valoradas para sembrar distintas especies. En España existe un total de cultivos que alcanza el 60% de la superficie sembrada.
El primer paso para conseguir una buena siembra es la correcta preparación del suelo, obteniendo la densidad adecuada para la especie que se pretende cultivar. Las condiciones climáticas son importantes así como el estado de la superficie, momento oportuno, profundidad del suelo y coeficiente de germinación, entre los principales factores. Un aspecto fundamental es la separación entre líneas, que no tiene que ser mayor al espacio entre plantas para que la raíz fasciculada tenga un amplio rango de adaptabilidad. Este elemento destacado de la siembra de cereal permite mejorar el cultivo, resultando beneficiosa la separación de líneas por las siguientes razones:
La calidad del abono y la aplicación de la dosis exacta mejoran el producto, que acumula fósforo además de potasio entre sus propiedades benéficas. Otro aspecto destacado es el uso de herbicidas selectivos, para evitar las malas hierbas en la siembra de cereal. Desterrar las enfermedades y plagas es otro factor básico del buen cultivo del grano.
Cooperativa Macotera San Isidro dispone de naves donde se almacenan los cereales, después de ser cultivados. Ordenados adecuadamente los socios y otras personas pueden aprovechar el almacenamiento del cereal, además de negociar la compra-venta del producto. La cooperativa también selecciona el cereal y realiza la preparación para su siembra en las mejores condiciones de calidad.



